Pese a las bajas temperaturas y a un invierno que volvió muy delicado el pique en gran parte del país, Melincué continúa ofreciendo una pesca de pejerreyes de gran calidad. Comprobamos el estado actual de la laguna y las modalidades que mejor rindieron para capturar los míticos flechas de plata.
Julio llegó acompañado por una marcada ola de frío que afectó gran parte del centro de Argentina. Las bajas temperaturas y las reiteradas heladas hicieron que el pique disminuyera en muchos espejos de agua, aunque Melincué volvió a demostrar que, aun bajo condiciones complicadas, continúa entregando pejerreyes de muy buen porte.

Nuestra primera jornada comenzó en una laguna algo baja de nivel, cielo completamente despejado y una temperatura que osciló entre los 7 y los 16 °C. El viento del sur apenas soplaba entre los 7 y 14 km/h, condiciones ideales para recorrer el espejo de agua y comenzar a buscar los primeros piques.
Partimos desde el camping ubicado sobre la Ruta Provincial 90 y navegamos hacia el sudeste, donde decidimos fondearnos para realizar los primeros lances.
Las intensas heladas de las últimas semanas habían cambiado el comportamiento de los peces. "Los pejes se pusieron delicados para comer", nos comentó Piky, nuestro guía apenas llegamos al sector elegido. Su indicación fue tajante: reducir el tamaño de las boyas para ofrecer la menor resistencia posible cuando el pez tomara la carnada.

Como Melincué tiene una característica poco habitual entre las lagunas de la región y permite pescar con líneas de flote tipo chirimbolo incluso durante los períodos más fríos, armamos líneas tramposas con boyas yoyó y tipo palito, utilizando bajadas de entre 15 y 25 centímetros.

Para manejarlas correctamente elegimos cañas de cuatro metros, ideales para trabajar líneas largas y lograr mejores presentaciones.

Con la intención de encontrar a los “matungos” también probamos líneas tipo Versátil. Si bien obtuvimos capturas, los mejores resultados siguieron llegando con las líneas de flote.
La segunda jornada presentó un panorama completamente distinto. El sol nunca consiguió atravesar una espesa capa de nubes y la niebla, que cubría la laguna durante la fría mañana terminó transformándose en un cielo totalmente cerrado.

Bajo esas condiciones el pique se volvió mucho más complicado pescando anclados. Entonces decidimos cambiar de estrategia y comenzar a pescar al garete, modalidad con la que volvimos a encontrar buenos ejemplares.

La bigotera fue la más rendidora.

Perezosos para alimentarse, pero extraordinariamente combativos una vez clavados, los pejerreyes de Melincué nos regalaron peleas espectaculares. Después del cañazo explotaban la superficie una y otra vez, demostrando la potencia que caracteriza a esta laguna. En líneas generales, todas las capturas superaron cómodamente la medida reglamentaria y varios ejemplares sobrepasaron los 400 gramos.

Bajadas de entre 15 y 25 centímetros y anzuelos Akita Kitsune 6/0.

Los equipos estuvieron compuestos por cañas de entre 4 y 4,20 metros, reeles cargados con multifilamento de 0,16 mm y líneas de 3 boyas tipo palito, yoyó y chupetona y también con bigoteras, que fueron las más efectivas durante toda la pesca. La separación entre boyas no inferior al 1,20 metros, utilizando bajadas de entre 15 y 25 centímetros y anzuelos Akita Kitsune 6/0.

Melincué volvió a confirmar por qué sigue siendo una referencia para la pesca del pejerrey en el centro del país. Incluso en jornadas donde el frío volvió más selectivos a los peces, la calidad de los ejemplares y la posibilidad de ajustar las líneas y las bajadas hasta encontrar la respuesta hicieron que cada pique valiera la pena. Un destino que, una vez más, demuestra que la técnica, la paciencia y la observación del comportamiento de los pejerreyes, siguen siendo tanto o incluso más importantes que la cantidad de peces que llegan al copo.

Pescadores: Martín Ferrero, Gastón Ferrero y Ezequiel Fusero.
Producción general y redacción: Ezequiel Fusero.